Centrales solares: ¿qué son y qué tipos son?

Las centrales solares son un nuevo espacio destinado a la obtención de un tipo de energía de una manera eficiente y respetuosa con el medioambiente. Estamos hablando de la energía solar, una alternativa a fuentes más tradicionales que es limpia, accesible e inagotable que proviene de los rayos del sol. Para poder transformar estos últimos en electricidad se necesitan estos espacios.

Qué es una central solar

Una central solar es un espacio destinado a la producción de energía gracias al sol. Este tipo de plantas son totalmente ecológicas y limpias, ya que no generan contaminantes para el entorno. En la actualidad este tipo de complejos se encuentran en pleno desarrollo, especialmente en grandes superficies en localizaciones que cuentan con un gran número de horas de sol a lo largo del año.

Este tipo de energía es la más eficiente dentro de las renovables y la inversión en estas instalaciones está llamada a ofrecer una gran rentabilidad a medio-largo plazo. Esto se debe a la búsqueda por parte de las administraciones de un modelo de producción energético basado en la sostenibilidad de cara a los próximos años, tal y como recoge el objetivo 2030 de la UE.

Los tipos de centrales solares

Para sacar el máximo partido a esta energía se puede recurrir a dos tipos de centrales solares. Cada una de ellas aprovecha un factor diferente de la radiación solar que llega a la tierra procedente del sol. No debemos olvidar que el sol tiene un funcionamiento similar a la una central nuclear que transforma esa energía en radiación, que es la que usamos para convertirla en eléctrica.

La central fotovoltaica

Una central fotovoltaica emplea la energía de los fotones que provienen del sol y la utiliza para transformarla en energía eléctrica. Para ello se emplean células fotovoltaicas, a base de materiales semiconductores.

Partiendo de una gran cantidad de módulos, conocidos como parques solares, se acoplan a un inversor que transforma la corriente continua en alterna antes de dar paso al transformador. Tras ello pasa a la red por la que se distribuye esta energía.

La parte más compleja de este sistema es la célula fotovoltaica. Se trata de una pieza de silicio que cuenta con una estructura de dos capas. Tras absorber el fotón de luz separa al electrón generando así una corriente. La unión de un gran número de ellas genera el panel fotovoltaico capaz de generar una corriente continua.

La central termosolar

Por otro lado, encontramos la central termosolar o térmica solar. Esta se basa en aprovechar la energía del sol para generar un proceso similar al de una central térmica. Es decir, calientan un fluido que genera vapor que a la vez mueve una turbina acoplada a un alternador. Para terminar el proceso, el vapor baja de temperatura en el condensador para volver a su estado original y volver a comenzar el proceso.

Para realizar este proceso es necesario una alta exposición a buenas condiciones meteorológicas que permitan generar suficiente energía solar. Para compensar los días de déficit cuentan con almacenamiento de energía que ayude a mantener el funcionamiento de la instalación. Podemos distinguir dos tipos de centrales termosolares:

  • Central de torre central: alrededor de una torre central se encuentran una gran cantidad de espejos de grandes dimensiones y direccionales. Gracias a ellos se concentra y dirige la radiación solar a un punto específico para transferirlo al fluido y elevar su temperatura.
  • Central de colectores: gracias a los colectores de concentración formados por espejos cóncavos se logran alcanzar temperaturas que superan los 300 grados. Cuentan con la capacidad de adaptar su posición para poder captar mejor el calor y obtener un resultado más eficiente.

Estas centrales aún cuentan con una serie de limitaciones que las hacen menos eficientes que los campos fotovoltaicos. Las termosolares cuentan con un coste de explotación excesivo que debe reducirse gracias a la inversión en avances tecnológicos. Además, cuentan con una alta estacionalidad, ya que dependen de la incidencia directa del sol y no de la luz. Esto supone que se ven afectadas por las estaciones y la meteorología de cada día.

Una central solar no contamina, pero genera un impacto

Una central solar de cualquier tipo permite producir una energía alternativa, limpia, inagotable y totalmente respetuosa con el medioambiente. Se trata de la gran apuesta de futuro gracias a su sostenibilidad y el menor impacto ambiental que genera en comparación con la hidráulica o la eólica.

Eso sí, tiene un impacto paisajístico mayor, ya que necesita de una gran superficie para su funcionamiento. Tanto los espejos como los paneles requieren de un gran espacio para lograr una eficiencia.

En conclusión, el sol es una forma de obtener energía limpia y sostenible. Para ello, se utiliza su radiación con el fin de dar poder calorífico a una central térmica o liberar un electrón. Ambos procesos requieren de la instalación de estructuras específicas y otros elementos. Todo este conjunto de equipos acaban componiendo las centrales solares.